La puntualidad de los británicos, la eficiencia alemana, los buenos modales de un francés… está claro que cada país lleva asociado sus propios tópicos. Son unas imágenes tan arraigadas que surgen de forma automática cuando pensamos en él. Y España no es una excepción.
Días de sol y playa, toros, flamenco y vestidos de faralaes inundan el imaginario popular de muchos turistas. A continuación, hacemos un repaso de los estereotipos más habituales que los extranjeros tienen de los españoles, así como de las costumbres que más les sorprenden cuando conocen por fin el país. El balance no debe de ser malo cuando algunos de ellos deciden comprar una casa en España y quedarse a vivir allí.
1. La siesta, toda una institución
Este invento español es uno de los hábitos que más desconcierta a los extranjeros (aunque alguno lo adopte al volver a su país). Y es que una buena siesta ayuda a reponer fuerzas para la tarde y disminuye el estrés del día a día. Sin embargo, esas siestas de dos horas son un auténtico mito; de hecho, solo 1 o 2 de cada 10 españoles las practica a diario.
2. Unos horarios extraños
En buena parte de Europa es inconcebible comer a las 15:00 y empezar a cenar a las 21:00. Tampoco es nada habitual que muchos negocios cierren de 14:00 a 16:00. Pero es que el ritmo de vida en España es diferente. El clima más suave permite que la gente pase más tiempo en la calle, por eso los extranjeros tienen la impresión de que los españoles lo hacen todo tarde.
3. Dos besos para saludar
La costumbre española de saludar a todo el mundo con un par de besos sorprende mucho a británicos y nórdicos, poco acostumbrados a tanta efusividad. El canalizar las emociones a través del contacto físico le resulta tan normal que un español no piensa tampoco que tocar el brazo o el hombro de su interlocutor pueda llegar a molestarle.
4. Pasión por la comida: ¿nos vamos de tapas?
En España se come estupendamente y la variedad de platos es inmensa, aunque muchos turistas solo tengan en mente la paella, la sangría o la tortilla de patatas. Para un español, la comida es una fiesta que hay que compartir con los amigos, por eso son tan populares las tapas, esa invención hispana que permite probar a cualquier hora pequeñas exquisiteces gastronómicas acompañadas de un buen vino o una cerveza. Así pues, no es de extrañar que los bares de tapas funcionen tan bien en cualquier lugar del mundo.
5. Hablar a voces
Los españoles son muy efusivos y tienden a hablar alto en cualquier lugar, en contraste con países tan cercanos como Alemania o Francia. A veces, una conversación animada puede parecer una batalla de gritos a ojos de un extranjero más comedido.
6. Aceite de oliva para todo
En muchos países se suele cocinar con aceite de girasol o con mantequilla, algo que no sucede en España. A los que visitan el país por primera vez les llama bastante la atención el uso del aceite de oliva en una gran cantidad de platos, incluso el hecho de tomarlo solo en el desayuno sobre un pan o una simple tostada.
7. España es una fiesta
A los visitantes de otros países les asombra la gran cantidad de festejos tradicionales que se organizan en España. Estas fiestas populares son la manifestación más directa del carácter alegre y divertido de un español. Citas anuales como los Sanfermines, las Fallas o la Feria de Abril son ya famosas en todo el mundo, lo que no quiere decir que el país viva en una fiesta continua…
8. Los jóvenes se independizan muy tarde
En España no es raro que los hijos sigan viviendo con sus padres hasta los 30 años. Esto resulta aún más llamativo si lo comparamos con países como Suecia, Noruega o Dinamarca, donde menos del 5 % de los jóvenes entre 25 y 35 años aún no se han emancipado.
9. Los reyes de la improvisación
Para un buen número de extranjeros, los españoles tienen una excesiva facilidad para ser impuntuales, hacer las cosas tarde y de una forma aparentemente caótica, lo que les lleva a tener que improvisar sobre la marcha. Estos últimos, sin embargo, hablan de espontaneidad y naturalidad.
10. Suspenso en idiomas
El hablar un segundo idioma parece ser la asignatura pendiente de los españoles, a pesar del gran número de turistas que visitan cada año el país. Aunque esto está cambiando al haber rebajado la edad a la que los niños empiezan a estudiar inglés en la escuela, la diferencia aún es grande respecto a otros estados europeos.